viernes, 24 de abril de 2015

Sacar la Basura (1 de Abril 2015)



A más de uno de nosotros no nos gusta hacerlo, el simple hecho de ver la suciedad, sentir el hedor de la misma, es el ver con asco aquello que alguna vez utilizaste o consumiste lo que para los que somos algo sensibles nos dan ganas de vomitar.

A más de que para muchos salir de casa con fundas de basura y que la gente te quede mirando (como si jamás en sus vidas hubieran hecho lo mismo) causa dentro de ti un sentimiento de vergüenza, entonces refunfuñando empiezas a pensar:
¿Por qué me ven tanto?
¿Por qué tengo que hacer esto?
Otro día mejor ni la saco…
¿Por qué no la saca otro?…

En fin todos esos pensamientos te hacen no querer volver a hacerlo, para no pasar por lo mismo nuevamente.

¡Hoy saqué la basura y sentí exactamente eso!, pero cuando empezaba a pensar cosas negativas sentí en mi corazón como llegaba una palabra pero no la entendía hasta que al rato de sentarme en el PC sentí necesario buscar un versículo por curiosidad y me topé con este.

"Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios."
2 Corintios 7:1

Y justo ahí fue que comprendí lo que había sentido al momento de bajar la primera funda de basura, ¿Cómo está realmente tú corazón ante Dios?, muchas veces nos preguntamos, ¿Por qué no cambio? ¿Por qué parece que cambio pero sigo siendo igual? ¿Por qué me siguen atrayendo cosas que no son buenas? Bueno, es por eso, porque no has sacado la basura, al momento de aceptar a Jesucristo como tú salvador es como si firmaras un contrato, aceptas todas sus leyes, aceptas a su Santo Espíritu dentro de ti, aceptas una vida espiritual y de santidad sin la cual no será posible agradarle… pero ¿Qué pasa si realmente no sacas la basura?, es decir, si dices que renuncias a las cosas que hacías… pero las sigues haciendo… si dices que renuncias a lo que pensabas, la forma que hablabas… pero sigues igual…? Si cada noche orando clamas llorando cámbiame Señor pero no hay progresos… o lo más común que hay días en los que quieres con afán ir a la iglesia pero hay otros en los que ni sabes si existe.

Muchos tenemos por pensado que al momento de decir “Límpiame Señor”, pues él hará todo… no señores, uno mismo también tiene que aprender a limpiar, a meter mano en la inmundicia para desarraigarla de allí… Claro algunos dirán “no es en nuestras fuerzas sino con las de Dios” claro que no es con nuestras fuerzas, pero eso no quiere decir que no pongamos de nuestra parte, es como si invitaras al presidente de tú país a tu casa y le hicieras lavar los platos, lavar la ropa, barrer, limpiar las gracias del perro, hasta limpiar el baño… de saber qué harás eso jamás te visitaría es seguro. Así pues nuestro corazón es nuestra casa, casa que el Espíritu Santo es quien habita, pero para que lo haga necesita estar limpia y la única manera en que esto sea posible es NO SIENDO FLOJOS tomando la iniciativa de cambiar, de ser diferentes, no hacer la del vago y decir solamente “cámbiame Señor” y en nuestros corazones no soltar todo aquello que nos ata a cuales sea pecados se tenga, esto no va solo para los “Nuevos Cristianos” sino también para quienes tienen sus añitos, pues la palabra dice en 1era. Corintios 10:12 “Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer.”… y todos sabemos que si se da cabida a un poco de suciedad toda la casa se ensucia, antes de sentir esa palabra solo me dispuse a bajar 1 funda, de 5, después baje completas todas… porque comprendí la importancia de una casa limpia, así debemos mantener nuestro corazón, limpio para nuestro Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario